Home Staging: cómo preparar y decorar tu casa para alquilar o vender

Te contamos las claves del home staging: la ciencia que aprovecha el interiorismo y la decoración para hacer de una vivienda un bien rentable. Descubre esta técnica que hace de cada espacio un entorno acogedor y atractivo.
Publicado por Laura Pou · 16 de enero de 2026
Home Staging: cómo preparar y decorar tu casa para alquilar o vender

A la hora de alquilar o vender una vivienda, el precio y la ubicación no lo son todo. La primera impresión es mucho más importante de lo que se piensa. Y no hablamos solo de las fotografías del anuncio, sino de la atmósfera que transmite la casa cuando se visita. Es fundamental preparar el espacio para que se vea amable, luminoso y cuidado. 

Un cambio de perspectiva 

El primer paso es cambiar de enfoque con el que nos enfrentamos a la vivienda. Da igual que se trate de tu piso de toda la vida, de una herencia o de una propiedad comprada solo como inversión: en el momento en que la sacas al mercado, se convierte en un producto que alguien va a analizar con mirada práctica. Esa persona no piensa en recuerdos, sino en espacio, luz, distribución y estado general. 

Además, posiblemente el cliente interesado querrá darle un toque personal a la casa. Por eso, el home staging no consiste en vender o alquilar un hogar con recuerdos ya construidos, sino en abrir el espacio para crear nuevas memorias.

Uno de los principales objetivos de esta técnica es reducir el ruido visual, de manera que el potencial comprador o inquilino pueda apreciar los puntos fuertes de la vivienda. Por ejemplo, una buena orientación, una buena cantidad de luz natural, un salón proporcionado, un dormitorio tranquilo o una cocina práctica. Si hay algo mejorable que no se va a reformar (un suelo antiguo, unas puertas menos atractivas), se compensa con orden, limpieza y una decoración sencilla y cuidada. 

Despersonalizar, pero con equilibrio

Uno de los consejos clásicos del home staging es “despersonalizar” el espacio. La estrategia consiste en retirar todo aquello que distrae o que relaciona la casa con una historia familiar. Nada de imanes en la nevera ni fotos personales en el lugar.

Ahora bien, no hace falta convertir la vivienda en una habitación de hotel, pero sí llevarla a un punto neutro. Un par de ilustraciones decorativas en el salón, algunos libros bien colocados o una planta ornamental pueden quedarse. La idea es que quien entra no sienta que está invadiendo la intimidad de nadie, sino recorriendo un lugar donde podría desarrollar su propia cotidianidad.

Orden, limpieza y pequeñas reparaciones

Mostrar un mobiliario adecuado y una decoración neutra es clave. Pero lo primero no deja de ser lo más importante: la limpieza. En una visita de un potencial comprador o inquilino, debemos tener los suelos, cristales y azulejos impecables. Esto construye la sensación de cuidado y serenidad que tanto buscamos.

Por otro lado, posponer pequeñas reparaciones pesa más de lo que parece. Si hay un grifo que gotea o un enchufe suelto, créeme, la persona interesada lo va a notar. Son detalles que transmiten despreocupación y se convierten en argumentos para negociar a la baja del precio final. Si es posible, intenta resolverlos antes de enseñar la vivienda.

Luz, muebles y detalles: el último ajuste antes de las visitas

La luz es uno de los criterios clave al elegir vivienda, y el home staging puede ayudarte a aprovecharla mejor. Durante las visitas, es recomendable subir las persianas, abrir las cortinas y evitar los muebles que tapen ventanas. En espacios más oscuros, te aconsejamos colocar una lámpara con bombilla cálida, pues transmite una sensación cálida y acogedora. 

En cuanto al color, si las paredes están muy marcadas o castigadas, una mano de pintura en tonos claros suele ser la inversión más rentable: no tiene por qué ser todo blanco puro, pero sí gamas suaves que reflejen la luz y no condicionen el estilo. Los tonos muy intensos o muy personales pueden gustar a unos y espantar a otros. Para vender o alquilar, nada mejor que colores suaves como beige, crema, blanco roto o greige. 

Aunque son detalles decorativos, se recomienda jugar con textiles como mantas en el salón, cojines sobre el sofá o ropa de cama en tonalidades neutras para la habitación. También puedes añadir alguna alfombra sencilla, en lana, algodón u otras fibras naturales como yute. Esto, sumado a unos elegantes estores, visillos o cortinas ligeras, ayudará a evitar la sensación de espacio vacío y frío. 

Algo parecido ocurre con el mobiliario: al preparar la vivienda, merece la pena revisarlo con cierta distancia, porque sofás demasiado grandes que invaden el salón o sillas no combinadas en el comedor pueden quitar valor a la casa. A menudo, basta con retirar una o dos piezas para que la habitación gane espacio y se entienda mejor la circulación, de modo que un salón con un sofá pequeño, una mesa de centro ligera y un mueble para la televisión se ve más amplio que otro lleno de aparadores y sillones dispersos.

Una vez resuelto lo esencial, puedes cerrar con broche de oro: un ramo de flores frescas o unas ramas verdes en el salón, una planta en la cocina o unas toallas elegantes en el baño. Por último, no olvides ventilar antes de que lleguen las visitas. Asimismo, procura evitar ambientadores muy agresivos y no dejar rastros de olores a comida, humo o cualquier otro aroma desagradable.

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