Los salones pequeños se han ganado mala fama en el mundo del diseño. Y es que a todos nos gustaría contar con grandes y espaciosos salones para decorarlos a nuestras anchas, pero no siempre es posible. Sin embargo, en interiorismo los metros y la percepción de los metros son dos cosas distintas. Cuando un espacio está bien pensado, el resultado puede sorprendernos: el salón parece más grande de lo que realmente es y suele verse más luminoso de lo que pensábamos.

A continuación te contamos qué funciona de verdad en estos casos, qué errores deberías evitar y cómo sacarle el máximo partido a tu salón pequeño. Si quieres ver cómo quedarían estos tips aplicados en tu propio hogar, con tu estilo y de acuerdo a tus necesidades, en Livitum podemos prepararte un proyecto personalizado a un precio completamente asequible. Conoce más aquí.

Un espejo grande en el salón es un recurso del cual hemos hablado en reiteradas ocasiones. Y con justa razón, pues es una de las herramientas más efectivas que existen para ganar amplitud visual. Cuando está bien colocado, un espejo grande puede doblar la profundidad percibida de la habitación y multiplicar la cantidad de luz. Y lo mejor de todo: sin necesidad de hacer obras.
La posición ideal es frente a una ventana o en la pared opuesta a la fuente de luz principal. Así, el espejo refleja el exterior y distribuye la claridad por todo el espacio.

Ten en cuenta que un espejo de formato grande y alargado, bien proporcionado en comparación con la pared donde lo cuelgues, ayudará más que varios espejos pequeños.

En los salones pequeños, aprovechar y maximizar la luz natural es una prioridad. Por eso, nuestro consejo es claro: quita las cortinas pesadas y sustitúyelas por visillos ligeros o paneles de lino que dejen pasar la claridad. Si las ventanas no son grandes, no las cargues con marcos llamativos ni telas voluminosas. Cuanto más despejadas estén, mejor.
Para la iluminación artificial, evita depender de una sola fuente de luz en el techo. Una combinación de puntos de luz a distintas alturas, una lámpara de pie, apliques en la pared y una bonita lámpara colgante conseguirán crear un conjunto visualmente interesante y cálido.

El mobiliario funciona como el eje vertebral del salón. Tanto su elección como su distribución son fundamentales. En primer lugar, ten en cuenta que los muebles con patas visibles amplían visualmente el espacio. Si podemos mirar el suelo por debajo de un mueble, la habitación parece más grande. En cambio, un mueble de cuerpo completamente cerrado corta visualmente la habitación.
El tamaño del sofá también importa, pero su ubicación todavía más. Un sofá demasiado pequeño en un salón diminuto puede hacer que el espacio parezca más desproporcionado que uno bien dimensionado. El truco está en elegir en función de la escala real de la habitación, no en comprar lo más pequeño (y soso) que encuentres.

Por último, el almacenaje integrado es fundamental. Mesas con cajones, sofás con arcón, estanterías que lleguen hasta el techo. Cuanto menos desorden visual haya, más espacio abierto y disponible se percibe.
En las estancias pequeñas, los tonos claros multiplican el espacio disponible. Ahora bien, no hace falta irse al blanco puro. Los cremas, los grises muy suaves, los beige apagados funcionan igual de bien y dan un toque más de carácter a la estancia.
Lo que sí merece atención es evitar los colores muy oscuros en todas las paredes de un salón con poca luz natural. En un espacio sin ventilación visual, esos tonos pueden hacer que el techo parezca más bajo y las paredes más próximas. Una pared de acento con un tono más intenso, bien elegida, es una solución intermedia efectiva.

Muchas veces el problema no es el espacio disponible, sino cómo están distribuidos los muebles alrededor de la estancia. Poner el sofá pegado a la pared, por ejemplo, es uno de los errores más frecuentes. Separarlo ligeramente puede dar más amplitud y hacer que el entorno se perciba más aireado.
Por último, también debes tener en cuenta la circulación dentro del salón. Si para moverte por el salón tienes que esquivar muebles, el espacio parece más pequeño de lo que es. Un buen diseño debe dejar las rutas de paso libres para que quienes viven en la casa puedan habitarla con comodidad y ligereza.

Las alfombras, los cojines, las lámparas: en un salón pequeño, los accesorios marcan la diferencia. Una alfombra tejida y bien anclada a la sala puede dar sensación de orden y, sobre todo, calidez. Asimismo, las plantas artificiales añaden un aire fresco sin necesidad de cuidados recurrentes. Las obras de arte en la pared, pequeñas esculturas, mantas, cojines y jarrones también hacen lo suyo con sus colores y formas particulares.

Con las decisiones correctas de distribución, color, luz y mobiliario, ese pequeño salón que tantos dolores de cabeza te da ahora, se convertirá en un espacio ordenado, cómodo y estéticamente agradable.