Los salones pequeños y alargados son uno de los retos más habituales en la decoración de pisos urbanos. La proporción estrecha tiende a acentuarse con los muebles, y si no se trabaja bien la distribución y la paleta de colores, el espacio puede verse oscuro y aún más estrecho. En este proyecto de 16 m2, la diseñadora de interiores Laura Álvarez optó por una línea moderna nórdica, con materiales ligeros y tonos claros, para conseguir que la estancia ganara anchura y coherencia visual.
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El espacio de partida era un salón comedor vacío, con la forma alargada y estrecha típica de muchos pisos actuales. Suelo claro, paredes blancas, buena luz natural desde el fondo y una planta compleja. Además, la ventana que daba luz natural a la estancia se ubicaba en una inclinación abuhardillada.
Sin mobiliario ni distribución definida, teníamos un doble reto: organizar dos zonas diferenciadas, salón y comedor, dentro de una misma franja estrecha, y hacerlo de manera que ninguna de las dos se viera disminuida.
En primer lugar, se optó por una decoración ligera, con una base de blancos, beiges, madera natural y elegantes acentos en verde. En un espacio alargado, los tonos oscuros o los muebles voluminosos tienden a cerrar más el ambiente, mientras que una paleta clara potencia la amplitud y mantiene la continuidad visual de un extremo al otro.
El sofá en color crema, con cojines a tono y algunos en verde, ancla la zona de estar sin imponerse. Frente a él, ubicamos un mueble bajo para la televisión que se integra en una pared revestida con listones de madera en vertical, un recurso que añade textura y estiliza visualmente el entorno. Como se aprecia en el resultado final, la madera aparece de forma constante, pero siempre en piezas de escala baja, lo que conserva la ligereza que necesitábamos para el conjunto.
En esta propuesta, colocamos el salón en la parte más próxima a la ventana, aprovechando la luz natural. La mesa de centro del salón es elevable y combina madera con metal negro, en línea con el resto de piezas. Junto al sofá, se dispuso un par de mesas auxiliares en formato nido y una elegante lámpara de sobremesa.
Como queríamos diseñar un espacio cómodo y funcional para descansar y compartir, añadimos otro sofá modular bajo la ventana. Sus líneas bajas y muy limpias, sin respaldo lateral en uno de los extremos, mantienen la idea de ligereza, no bloquean la luz natural y permiten que esta fluya sin obstáculos.
El comedor se ubica hacia el interior de la planta. Aquí, la diseñadora eligió una mesa redonda con estructura de metal negro y sobre de madera, una forma que facilita el tránsito alrededor y evita los ángulos que en espacios estrechos resultan incómodos. Las sillas, tapizadas en beige, mantienen la coherencia cromática del conjunto.
En la pared lateral del comedor instalamos dos espejos de gran formato que amplían visualmente el lugar. Este recurso fue clave para compensar la menor entrada de luz natural en el comedor, ya que esta llega de forma directa al salón. Ya en la entrada de la estancia, integramos un aparador con gran capacidad de almacenaje para mantener la zona ordenada.
Regresando hacia el salón, nos encontramos con una cocina abierta, tan en tendencia hoy en día. El espacio se acompaña de taburetes elegantes en color verde. La estancia, así, se convierte en un entorno diáfano, abierto, pero con zonas claramente definidas.
Un salón de 16 m2 con forma difícil requiere equilibrio y buenas decisiones. En este proyecto, una vez más comprobamos lo fundamental que es apostar por la coherencia entre materiales y colores, recursos amplificadores como espejos o listones de madera y, claro está, elegancia y buen gusto.