Las modas decorativas de cada año no dejan de sorprendernos. En estos últimos meses, hemos visto un auge de una tendencia que arrasa en redes sociales. Hablamos del limewash, un recurso ornamental que llega a las paredes del hogar en distintas estancias. Aunque es una tendencia de última moda que puede quedar muy bien si se sabe usar, requiere estrategia y mesura.
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Decir que la tendencia del limewash se inspira en las humedades de las paredes es exagerar. Aunque se le ha atribuido esta característica, no se trata de reproducir una pared descuidada. La verdad es que estamos ante una moda que recupera algo mucho más profundo: los detalles auténticos.
El limewash se vincula directamente con los revestimientos artesanales que ponen en evidencia la mano del pintor. Y es que actualmente, en un mundo tan ajetreado y dominado por la rapidez tecnológica, los elementos artesanos cobran mucha importancia. Tejidos, texturas, relieves e “imperfecciones” protagonizan las modas actuales en interiorismo, pero también en otras áreas de la cultura visual.
En este sentido, el limewash reproduce y recuerda las paredes desconchadas, los brochazos y los relieves naturales de la pintura, la cal y otros revestimientos sobre las paredes. Piedra, madera natural, mármol y estuco veneciano también forman parte de esta tendencia. Todo ello nos recuerda a la magia del origen y a la antigua manera de habitar las casas de campo o los pisos de los años cincuenta.
Por eso, no es casual que actualmente haya pinturas que repliquen este tipo de pincelada. También podemos encontrar papeles pintados con efecto de pared antigua o con brochazos evidentes.
El salón es, probablemente, la estancia donde este acabado luce con más personalidad. Puedes elegir un punto focal y crear una pared de acento donde apliques esta tendencia. Por ejemplo, la pared detrás del sofá o la que enmarca la chimenea. Así, el efecto del limewash podrá lucirse con todos sus encantos sin saturar el espacio. El resto de las paredes en tonos lisos y claros ayudará a suavizar el contraste.
En el dormitorio, el limewash se lleva muy bien con la pared del cabecero, una zona de interés visual en la habitación. Es un efecto que aporta calidez y ese punto artesanal tan buscado. Al tratarse de una habitación más íntima, admite tonos algo más oscuros, como terracota, ocre quemado o gris cálido. Crearás un efecto envolvente súper acogedor, perfecto para propiciar el descanso.
Los recibidores y pasillos también son buenos candidatos, sobre todo si son estrechos y quieres añadir un toque dinámico e interesante. Eso sí, en espacios de paso pequeños y con poca iluminación natural, lo más seguro es optar por tonos claros, como blanco roto o beige, para que este efecto no absorba la luz. Puedes complementar con un espejo grande que ayude con sus reflejos, de manera que el espacio se amplíe ópticamente.
En los baños, el limewash puede aplicarse siempre que se selle correctamente, ya que la humedad constante puede dañar el acabado si no se protege con los productos adecuados. Es una opción menos habitual, pero no por ello imposible.
Por otra parte, hay que tener en cuenta la orientación de cada estancia. Las paredes con mucha luz natural directa admiten tonos más intensos, mientras que los espacios con luz artificial predominante piden colores más suaves.
Antes de decidirte por un tono, lo más recomendable es pedir una muestra y observarla en distintos momentos del día. La luz de la mañana y la de la tarde cambian por completo la percepción del color. Entender esos matices te permitirá disfrutar de esta tendencia con carácter sin arrepentirte a los pocos meses.