El salón rectangular es el formato más común en pisos urbanos y viviendas familiares. Por lo mismo, es donde más se pueden cometer errores. Por ejemplo, se tiende a colocar el sofá en una pared, la televisión enfrente y el resto de piezas donde quepan. El resultado suele ser un salón poco cómodo donde todo se ve demasiado lineal. La clave está en organizar el espacio por zonas y darle un centro claro. ¡Hoy te contamos cómo lograrlo!

Cuando todo se dispone en paralelo y pegado a las paredes, el salón se alarga visualmente y pierde dinamismo. Esto ocurre incluso en estancias amplias. Por ejemplo, la gente suele colocar un sofá a un lado, un televisor al otro, una consola en el fondo y una mesa estrecha en medio. ¡Gran error!

El acierto es definir una zona de estar entendida como conjunto. El elemento que mejor fija esa idea es la alfombra, porque marca el perímetro del estar sin necesidad de obras. Ahora bien, si la alfombra es demasiado pequeña, el salón se ve fragmentado. Pero si tiene una escala adecuada, el grupo de asientos se verá ordenado. Una regla práctica que suele funcionar es conseguir que, como mínimo, las patas delanteras del sofá y de las butacas queden sobre la alfombra. Así el conjunto se ve unido y no como piezas colocadas de manera aislada.

Muchas veces se compra una alfombra por sus diseños y colores, sin comprobar que realmente sea del tamaño y textura adecuados. Lo cierto es que en un salón rectangular, una alfombra diminuta hace que el sofá parezca enorme y que el centro del salón quede desangelado, aunque los muebles sean bonitos.

En contraste, se debe pensar en la alfombra como una base de proporción. En un rectangular, además, ayuda a ensanchar el ambiente cuando la composición se organiza perpendicularmente al largo. Si el salón es estrecho, una alfombra de textura ligera y tono medio suele integrarse mejor que una muy contrastada, porque no corta tanto el plano.

Este fallo es especialmente frecuente en salones rectangulares con poco ancho. Un sofá muy profundo estrecha la circulación y obliga a vivir en constante incomodidad al transitar por el salón. También condiciona el resto de elementos. Por ejemplo, podemos caer en el error de elegir mesas más pequeñas de lo necesario. Lo aconsejable es instalar un sofá acorde al ancho real del salón y, si hace falta más asiento, sumar una butaca cómoda o un puf bien colocado.

La mesa de centro se convierte en un estorbo cuando se coloca demasiado cerca del sofá, cuando queda demasiado lejos o cuando su tamaño no encaja con el conjunto. En salones rectangulares, este problema se nota mucho porque la circulación tiende a cruzar por el centro.

¿Qué hacer si quieres instalar una mesita de centro sí o sí? Lo ideal es ajustar la distancia y elegir un formato que facilite el movimiento. Entre el sofá y la mesa, conviene dejar un margen cómodo para pasar. En muchos salones funciona bien una distancia aproximada de entre 40 y 45 cm, porque permite moverse sin rozar y también llegar con la mano sin esfuerzo. Eso sí, si tu salón es estrecho, elige una mesa redonda u ovalada.

Hacer de la TV el gran punto focal del salón es un gran error, además de ser muy frecuente. Esto ocurre si el mueble de televisión se coloca en el extremo más largo sin pensar en reflejos, distancia o ángulo, y se empuja el sofá al lado opuesto. Así el salón se ve demasiado alargado y la pantalla se ve mal debido a la luz que entra por las ventanas.

Lo recomendable es decidir el lugar más razonable para ver la TV con comodidad y después componer el resto. No siempre la mejor pared es la más obvia. A veces funciona mejor colocar la TV en una pared intermedia, con un mueble bajo discreto. Así, evitarás esa sensación de “pasillo” que queremos evitar.

Un salón rectangular suele obligarnos a tomar una ruta clara: desde la puerta hacia el pasillo, la cocina o la terraza. Si esa ruta atraviesa la zona de estar, el salón será terriblemente incómodo para usarlo en el día a día. Para acertar, debes conseguir una circulación limpia a través de los muebles. Coloca una consola estrecha detrás del sofá, un aparador de poca profundidad o una estantería para guiar el paso. El objetivo es que el centro se reserve para estar, no para cruzar.
