Desde nuestra experiencia, hemos descubierto que existen dos tipos de clientes o usuarios interesados en el mundo deco: quienes temen fervientemente a la pared blanca y los que temen recargar el espacio. Como en toda disciplina que juega con el espacio, en este caso el equilibrio es clave.
Para decorar una pared con estilo y elegancia, debemos cuidar no cruzar la delgada línea que divide un ambiente acogedor de uno saturado. No se trata de la cantidad de elementos, sino de su peso visual y su capacidad de diálogo con la arquitectura preexistente. Por eso, hemos recopilado siete estrategias infalibles que pueden ser utilizadas tanto en espacios rústicos o clásicos como modernos, nórdicos y minimalistas.
Más allá de su función básica, los espejos son excelentes recursos decorativos. En interiorismo, los utilizamos para ampliar visualmente los espacios, especialmente cuando hablamos de pasillos, recibidores o estancias pequeñas.
Al colocar un espejo, no solo estamos añadiendo un objeto; estamos duplicando la entrada de luz natural y generando una profundidad de campo que engaña al ojo de la manera más efectiva.
La sola presencia de la madera puede hacer que un espacio se perciba cálido y acogedor. Una tendencia que ha llegado para quedarse, y que funciona maravillosamente en todos los estilos decorativos, es el uso de la palillería vertical. Estos listones de madera, a menudo integrados en paneles acústicos, aportan una textura tridimensional exquisita.
Este recurso es ideal porque diseña el interior con textura, relieves y un fantástico juego de luces y sombras. En estancias pequeñas, te aconsejamos optar por tonalidades claras, como roble, fresno o arce. Verás que la verticalidad de los listones estiliza el entorno y las paredes parecen mucho más altas de lo que realmente son.
Las molduras están viviendo su época dorada. Hoy en día, las recuperamos con fervor para dar elegancia y un punto clásico a los interiores. Para evitar la sobrecarga visual, aplica la regla del monocromatismo. Al pintar las molduras, el rodapié y la pared en el mismo tono exacto, creamos una superficie rica en matices gracias al juego de sombras que proyectan los relieves, pero mantenemos una calma visual absoluta gracias al uso de un solo color.
Cuando decidimos introducir arte, el error más común es errar en la proporción. En entornos pequeños, las paredes deben ser decoradas con elementos visualmente leves. Por eso, te recomendamos optar por obras de formato alargado, lienzos esbeltos o composiciones minimalistas. Esto “obliga” al espectador a levantar la mirada, acentuando la altura de los techos.
El peso visual de un objeto no solo depende de su tamaño, sino también de su color. Un cuadro negro pequeño puede ser mucho más molesto a la vista que una lámina minimalista en color crudo. Si tu objetivo es decorar la pared sin sobrecargar, prefiere una paleta luminosa y clara.
Las acuarelas con mucha aguada, los trazos botánicos o la fotografía artística en clave alta son excelentes opciones. Enmarcadas en tonos hueso y molduras de madera natural o blancas, estas piezas se funden con la apariencia de la pared.
A veces, la mejor forma de decorar una pared no es añadiendo, sino sustrayendo. Las hornacinas de obra son una excelente reforma que te ayudará a aprovechar el espacio. En lugar de colocar estanterías, creamos huecos en el muro para poder colocar alguna pieza decorativa o guardar elementos diversos. Un nicho bien iluminado, revestido quizás en microcemento o madera, se convierte en una pequeña galería para exhibir ese objeto al que tanto cariño le tienes.
Nunca subestimes el poder decorativo de la iluminación. Y para adornar las paredes, nada mejor que un elegante aplique. Además de ser cálidos y funcionales, muchos de ellos cuentan con diseños realmente exquisitos. Puedes escoger un modelo trenzado, alguno con varillas de ratán o bambú, o uno clásico en latón dorado. ¡Las opciones son infinitas!
