El minimalismo más impoluto y el estilo nórdico irán perdiendo protagonismo a favor de estilos más acogedores, en los que abundan las texturas, las piezas con carácter y personalidad, y en los que asoma el maximalismo, pero sin caer en el exceso. Estilos como el Japandi y el Wabi-sabi siguen presentes. Mientras que se empiezan a filtrar influencias del Art-Decó con elementos glamurosos, lacados y patrones geométricos actualizados.

Los tonos tierra siguen estando presentes, pero salpicados de colores más intensos y llamativos que serán su contrapunto perfecto. Colores profundos y saturados como el naranja, el azul petróleo o el burdeos cogen fuerza, alejándose de las tonalidades más neutras y frías.

Adquieren también protagonismo los colores ligados con la naturaleza, entre los que destaca el verde salvia. Un color que transmite tranquilidad y una conexión orgánica. Al igual que el terracota o el gris piedra, el elegante azul marino o el vibrante amarillo mostaza.

La sostenibilidad sigue siendo la base del diseño actual, así que los materiales siguen siendo naturales. Eso sí, en el caso de las maderas, estas se oscurecen hacia tonos como el nogal, el cerezo o el castaño. Y si tienen un aspecto más rústico, con nudos y vetas marcadas, mejor que mejor.
Otros materiales naturales que adquirirán presencia son el mármol o el travertino. Sobre todo en suelos, sobres de muebles o detalles en objetos decorativos.

Los textiles serán los protagonistas con una marcada tendencia hacia la yuxtaposición de texturas. Los tejidos naturales, como el lino o la lana, estarán muy presentes, pero también otros más propios del invierno, como el terciopelo, el borreguito o la pana. No solo en cojines, ropa de cama o mantas, sino también en el tapizado de sofás y butacas.

De pasar casi inadvertidas por estar pintadas de tonos neutros, las paredes adquieren mucho protagonismo. Lo harán a través de revestimientos de cerámica o de madera, pero también de papeles pintados con diseños extra grandes. Con estampados botánicos o geométricos, o con diseños paisajísticos colocados en forma de mural.

Las tendencias decorativas de este invierno apuntan hacia una decoración más personalizada y con carácter. De ahí que las piezas únicas, ya sean de diseño o vintage heredadas, serán un imprescindible para aquellos hogares que quieran estar a la última. Piezas que cuenten una historia y aportan carácter a la estancia en la que se encuentran.

Del mismo modo y por la misma razón, la artesanía sigue estando presente en los hogares de este invierno. Ese carácter único, e incluso con defectos por haber sido hecho a mano, es lo que marcará las diferencias en la decoración.

Aunque los espacios abiertos siguen siendo tendencia, en muchas ocasiones se impondrán los cerramientos de cristal entre salones y cocinas. Por aquello de mantener la sensación de espacio único, pero evitando la incursión de olores en zonas comunes.
Unos cerramientos de cristal que pueden volverse muy creativos y convertirse en auténticas obras de arte para separar zonas y espacios.

Y en esa búsqueda de la calidez y el confort, la iluminación jugará un papel muy importante. Poder regular la luz según convenga es primordial para poder crear el ambiente que se quiera en todo momento. Iluminación tecnológica que nos facilite la vida y con la que crear espacios muy acogedores.
Otra de las funciones de la iluminación esta temporada es la incorporación de lámparas con un diseño tan escultural que las convertirán en las protagonistas.

La incorporación de obras de arte, de elementos decorativos únicos o de muebles auxiliares con carácter serán los que marcarán la diferencia en la decoración, consiguiendo con ellos crear ambientes únicos y diferentes al resto, con mucha personalidad.
