El truco de los 10 minutos para que el recibidor no se convierta en un caos en la vuelta al cole

Llega septiembre y con este mes también vuelve el regreso a la rutina. Los niños y niñas comienzan un nuevo año escolar y, probablemente, no hay estancia que se resienta más con este inicio de curso: hablamos del recibidor.
Publicado por Laura Pou · 8 de septiembre de 2026
El truco de los 10 minutos para que el recibidor no se convierta en un caos en la vuelta al cole

Finalizando agosto, comienza una de las temporadas más movidas del año. Septiembre trae consigo el regreso a la rutina, al trabajo y al cole. En la casa, esta sensación de nuevos comienzos se percibe en cada rincón, pero especialmente en el recibidor. Con el inicio del año escolar, mochilas, chaquetas, zapatillas y un sinfín de avisos se acumulan en la entrada.

Para acabar con este desorden, no necesitas grandes reformas. Con una rutina breve de diez minutos y buena voluntad, conseguirás renovar este espacio de manera sencilla. A continuación, te explicamos cómo implementarla y qué soluciones de almacenamiento funcionan mejor para mantener una buena (y sostenible) organización.

Eso sí, nada mejor que darle un lavado de cara por completo a la entrada de la casa. Además de ser un espacio funcional, es importantísimo porque es la primera impresión que genera tu hogar. Nada mejor que rediseñarlo con el asesoramiento profesional de las expertas de Livitum. Nuestras diseñadoras de interiores adaptan sus propuestas a tu presupuesto, necesidades y rutinas. Conoce más de nuestro trabajo aquí.

Evita la acumulación

En cuanto entráis por la puerta con las mochilas, el bolso y los abrigos, el impulso natural es dejarlo todo donde sea: en el suelo, en el comedor, incluso en el dormitorio. Si repetimos esa rutina cada tarde, la casa se desordenará por completo y el recibidor se llenará de objetos acumulados. 

Los primeros tres minutos de esta rutina consisten precisamente en controlar ese impulso. En estos instantes iniciales, cada miembro de la familia debe colgar su chaqueta, guardar sus zapatos y colocar su mochila en su sitio. 

Como todo hábito, este requerirá un tiempo de adaptación. La rutina no tiene por qué ser perfecta la primera semana. Solo necesita repetirse lo suficiente para que ya no requiera esfuerzo.

Clasifica los papeles del colegio

Con la chaqueta colgada y los zapatos guardados, durante los primeros segundos nos dedicaremos a la mochila del colegio. Ábrela, saca los apuntes, avisos y tareas del colegio, y sepáralos en dos montones: los que hay que guardar y los que van directamente al contenedor de reciclaje.

Cuando el cansancio se apodera de nosotros al final del día, solemos omitir este paso y los papeles comienzan a acumularse. Cuatro minutos bastan para evitar que suceda, siempre y cuando se haga en el momento. Evita procrastinar esta tarea hasta el fin de semana. 

Un lugar para cada objeto 

Las rutinas solo funcionan si cada objeto tiene un propósito claro, por lo que te recomendamos dedicar una tarde a preparar la entrada antes de que empiece el curso escolar. Muebles como un pequeño zapatero o un banco con espacio de almacenamiento debajo del asiento, son ideales para ordenar el calzado. 

Para ordenar las mochilas, los ganchos colocados a la altura de los niños funcionan muy bien y promueven su autonomía. Una cesta grande en el suelo es otra alternativa si no quieres hacer agujeros en la pared.

Las llaves, las monedas sueltas y otros objetos pequeños necesitan su propio lugar: una bandeja o cuenco poco profundo, siempre colocado en el mismo sitio, te evitará andar buscando apresuradamente antes de salir de casa. Para los folletos y documentos que hay que guardar, coloca un pequeño organizador de pared o un archivador estrecho.

Involucra a los peques 

Involucrar a los niños es clave para mantener la zona ordenada, además de propiciar el aprendizaje y la autosuficiencia de los peques. Asigna a cada peque su propio gancho, cajón o cesta. De esta manera, la responsabilidad ya no recae solo en el adulto, y muchos niños acaban convirtiendo la tarea en un pequeño juego con sus propias reglas.

Poner un temporizador de 10 minutos en el móvil establece un límite claro y evitarás que se alargue el trabajo. Además, saber que hay un límite de tiempo suele ser motivador para los niños y le da a la actividad ese aire lúdico que tanto gusta. 

Por último, evita que la consola o la mesa de la entrada se conviertan en un trastero para objetos "temporales". Si algo lleva más de un día en ese rincón, no es algo pasajero; es un estorbo permanente, y cuanto antes se retire de la entrada, más fácil será mantener el resto bajo control.

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