El flex living español está creciendo progresivamente. El perfil de usuario es diverso, pero se trata sobre todo de personas solteras en torno a la treintena, con poder adquisitivo por encima de la media y un componente internacional muy alto. Respecto a soluciones habitacionales temporales, la consultora e inmobiliaria CBRE afirmaba en uno de sus últimos comunicados que "desde 2020 el número de camas se ha quintuplicado, pasando de 2.000 a alrededor de 10.000 en la actualidad". Asimismo, situaba la renta media del segmento corporate cerca de los 3.000 euros mensuales en Madrid y de los 2.700 en Barcelona.

Frente a este crecimiento progresivo, debemos revisar el perfil del inquilino flex, ese que llega a su alquiler temporal con un par de maletas, se queda un par de meses y luego repite el ciclo. Es una persona que no suele dudar demasiado a la hora de alquilar un hogar temporal: decide en la primera visita, muchas veces por videollamada.

Hoy te contamos qué debes tener en cuenta si quieres ofrecer un espacio atractivo para este tipo de perfil. ¿Qué le hace descartar un apartamento? ¿Qué piezas de mobiliario son atractivas y funcionales para su día a día? ¿Cómo ofrecer versatilidad, neutralidad y personalización a la vez?
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Uno de los perfiles más habituales que llega a las viviendas temporales es el del nómada digital. Por eso, el puesto de trabajo es una zona importantísima. Para ese pequeño despacho, prevé un escritorio de 120 cm de ancho como mínimo. Procura que sentarse allí sea realmente cómodo y ofrece puntos de enchufe accesibles.

Una silla cómoda y ergonómica te asegurará que el usuario esté a gusto y que, posiblemente, recomiende la vivienda a otras personas interesadas.
Muchos pisos de rotación constante se amueblan pensando en una familia que llega para quedarse. Ese diseño no le sirve a alguien que aterriza con dos maletas y necesita vaciarlas esa misma tarde.
Lo primero que agradecen estos inquilinos es un altillo libre en el armario del dormitorio, con unos 40 cm de alto para que entre una maleta grande. Cuando no lo hay, el equipaje acaba debajo de la cama o apoyado en un rincón del salón durante meses.

En la entrada basta con una barra de perchas, aunque sea de las que se atornillan a la pared. Puede parecer un detalle menor, pero la mochila y el abrigo del primer día son lo primero que se deja al cruzar la puerta, y un recibidor sin almacenamiento causa mala impresión.
Las cocinas de estas viviendas tampoco necesitan una vajilla completa. Con seis platos y seis vasos vas sobrado. Lo que de verdad se agradece es una batidora decente, un escurridor que no ocupe media encimera y algo de espacio libre para cocinar.
La rotación de inquilinos puede afectar negativamente a la resistencia de los tejidos. En una vivienda de media estancia, el bouclé queda descartado por muy bonito que quede, ya que se engancha a cualquier cosa y, si se ensucia, es muy difícil recuperarlo, sobre todo si es de un color claro.
Lo que sí te aconsejamos es optar por chenillas de trama cerrada y las tapicerías con tratamiento antimanchas, siempre desenfundables. Y es que poder meter una funda en la lavadora o tener que llamar a una empresa de limpieza son dos cosas que se notan mucho en la factura de mantenimiento al cabo del año.
Con las alfombras, la elección es sencilla: mejor de pelo corto, atemporales y lavables. En los dormitorios, los protectores de colchón también deben ser lavables a 60 grados. Para los cabeceros, prefiere alternativas higiénicas como versiones desenfundables, lavables o de polipiel.

Y hay una recomendación poco glamurosa que ahorra bastantes reclamaciones. Las cortinas de los dormitorios tienen que ser opacas de verdad, no simplemente tupidas. Si tienes inquilinos internacionales, probablemente lleguen deseando descansar a pesar del jet lag. Esto les ayudará enormemente.

En cuanto a colores, prefiere paletas cromáticas claras, ya que envejecen mejor y se adaptan a distintos gustos. Eso sí, un apartamento entero en blanco y madera pasará tristemente desapercibido. Por eso, introduce algo de carácter con piezas fáciles de reponer, como una lámpara de sobremesa en cerámica esmaltada, un par de láminas enmarcadas de artista local o una manta de lana a los pies de la cama.

Al final, amueblar para este perfil consiste en pensar en alguien que no se va a quedar. Si la vivienda le hace la vida fácil desde el primer día, tendrás un cliente asegurado que va a repetir en el futuro.