Mesas de centro hay de muchos tipos y materiales. Redondas, cuadradas, rectangulares, de madera, de metal, de cristal…. Elegir una u otra, dependerá de tu estilo, del espacio del que dispongas en el salón o de la decoración. Sin embargo, en el mercado existen mesas de centro multifuncionales que, además de decorar, agregan alguna que otra función adicional a su razón de ser. Echa un vistazo a algunas.
Son esas mesas que cuentan con un mecanismo que permite elevarse hasta una altura más adecuada para realizar ciertas tareas o incluso para convertirse en improvisadas mesas de comedor. Las puedes usar a tu antojo, quedando a una altura propia de una mesa de centro baja, cuando no la usas.
Del mismo modo, existen las mesas de centro extensibles, que pueden ampliar su superficie según tu necesidad. Bien porque la usas para trabajar, bien porque necesitas más superficie para servir el aperitivo a tus invitados o porque la familia la usa para su noche de juegos de mesa cada fin de semana.
Son una gran ventaja en aquellos hogares en los que el almacenaje es una prioridad. Pueden ser mesas normales con tapa, tipo cofre, en cuyo interior puedes guardar lo que quieras. Las mantas o plaids del sofá, las revistas, cojines, juguetes, etc… También hay algunas con algún cajón oculto o compartimento secreto, que a simple vista quizás pase inadvertido. Incluso algunas con bodega, donde guardar tus vinos más preciados.
Las mesas nido son tendencia y son el comodín perfecto para esos salones de pocos metros que tienen mucha vida social. Son un par de mesas que se encajan una con otra, ocupando poco espacio, pero que en caso de necesidad, pueden separarse y convertirse en un par de mesas auxiliares.
Parecidas a las mesas nido, las mesas modulares son aquellas que juntas forman un todo, pero pueden separarse también a tu antojo. Pueden ser dos mesas rectangulares, una pegada al lado de la otra, que forman una más grande cuadrada, y que también puedes usar cada una por su cuenta. O varias módulos que, cual escultura, puedes mover como quieras, adaptando su forma a la situación.
Son las más tradicionales, y aunque no te lo creas, son una muy buena opción de almacenaje. En su balda inferior puedes guardar aquello que quieres tener más a mano, pero dejando despejada su parte superior. Es el lugar ideal para las revistas, los libros, los mandos de la tele o las gafas de ver. También puedes usar esa balda para decorar, incorporando allí tu colección de cajitas de madera o los objetos más curiosos traídos de tus viajes.
Perfectas para los espacios más pequeños. Al llevar las ruedas, puedes moverlas hacia donde tú quieras, apartarlas si es necesario, o acercándolas más fácilmente hacia el sofá cuando quieras tenerlas a tu vera.

Es otra opción que te permitirá optimizar tu espacio y su funcionalidad. Elige un puff generoso y úsalo como mesa de centro. Cuando lo quieras hacer servir como mesa, añádele una bandeja donde depositar las bebidas, por ejemplo. Y cuando necesites más asientos, utilízalo para lo que se ha fabricado. Sobre él puedes dejar también tus libros o tus revistas. Y si es un puff con almacenaje escondido, mejor que mejor. ¡Imagina sus posibilidades!