El teletrabajo se ha instalado en la rutina de muchísimas casas y, con él, ha reaparecido la importancia de la zona de escritorio. Años atrás, nos valía cualquier rincón mínimamente espacioso para poder integrar esa mesa con su silla. Pero a medida que pasa el tiempo, somos más conscientes de la importancia que tiene este lugar para nuestra productividad y salud. Cuando pasamos demasiado tiempo sentados frente a la pantalla, la espalda y la vista requieren de un mobiliario y una distribución ergonómica, que se ajuste a nuestras necesidades y proteja nuestra salud.
Hoy te contamos cuáles son las claves para diseñar un espacio de trabajo realmente cómodo, pero ten en cuenta que la ayuda de un profesional siempre será más eficiente y acertada. Puedes asesorarte con nuestras diseñadoras expertas y decorar tu despacho desde 59 euros. Conoce más de nuestro método aquí.
Lo primero que debemos tener en cuenta es la silla: el mueble con el que tu cuerpo pasa más horas al día. Una mala elección hará que tu espalda se resienta tarde o temprano. Asegúrate de buscar una con un respaldo que acompañe la curva de la columna y que cuente con un buen apoyo lumbar.
Fíjate en que puedas regular la altura hasta apoyar los pies en el suelo, con las rodillas en ángulo recto. Los reposabrazos ayudan a descargar los hombros, siempre que te dejen acercarte bien a la mesa. Por eso, es importante que midas la altura del escritorio para que la silla encaje bien. Y algo que resulta bastante cómodo para quienes trabajamos en casa, es que la silla posea reposacabezas. Esto permite mantener una postura erguida, pero natural, sobre todo si tienes tendencia a encorvarte sobre el teclado.
Como te decíamos anteriormente, es fundamental tomar medidas. La altura correcta de la mesa es la que te permite escribir con los codos formando un ángulo recto, sin levantar los hombros ni doblar las muñecas.
Respecto a la pantalla, el borde superior debería quedar más o menos a la altura de tus ojos y a un brazo de distancia. Así la mirada caerá de forma natural sobre ella y el cuello no se inclinará hacia abajo, provocando dolor cervical, incluso migrañas.
Si trabajas con portátil, un simple soporte que lo eleve, más un teclado aparte, cambia por completo la postura (te lo digo por experiencia propia). Asimismo, las mesas elevables son perfectas para alternar la postura de trabajo y poder levantarte cada tanto, algo muy importante para la salud postural. A fin de cuentas, lo que más buscamos es mover, estirar y cambiar la posición del cuerpo con frecuencia para evitar molestias.
La iluminación es tan importante como en otras estancias, incluso más. Una luz neutra sobre el escritorio mantiene despierta la atención y reduce la fatiga visual durante largas tareas de trabajo. Reserva la luz cálida para las zonas de descanso de la casa. La idea es que el sofá o el rincón de lectura te inviten a relajarte, pero que el escritorio potencie sutilmente tu creatividad y actividad mental.
No obstante, aprovecha toda la luz natural que puedas. No hay nada más saludable en el trabajo que hacerlo durante las horas del día. Coloca la mesa cerca de una ventana, mejor de lado que de frente, para evitar reflejos en la pantalla y deslumbramientos molestos.
La decoración del espacio es fundamental. Si vas a diseñar tu oficina o la quieres renovar, escoge colores que faciliten la concentración. Los tonos suaves, como el greige, el verde salvia o un azul apagado, aportan calma y serenidad.
Algunas plantas, obras de arte y alguna alfombra, son detalles que vienen genial para hacer del espacio un lugar propio, con tu sello personal.
Y por último, no olvides el almacenamiento. Un puesto de trabajo cómodo debe estar ordenado y propiciar una buena organización. Asegúrate de tener almacenaje suficiente con una cómoda auxiliar, una estantería abierta o una cajonera de oficina. Algunos de estos compartimentos deberán dar espacio a libros, cuadernos o aparatos tecnológicos, pero otros, los más pequeños, son ideales para que mantengas tus cables en orden.
Es sumamente aconsejable marcar una frontera entre la oficina y el resto de la casa, aunque sea pequeña. De esta manera, te resultará mucho más fácil desconectar cuando finalices tu jornada laboral.
Si no tienes una habitación entera para usarla de despacho, un biombo, una estantería abierta o incluso una alfombra te ayudarán a cumplir la función de separador. También puedes instalar listones de madera o una cortina de estilo boho.